Reportaje
 
autor: Gabriel Suárez
Edición: 49 Septiembre 2012
Industrialización del plátano, ¿Por qué no?
Con una superfi cie de 6 mil hectáreas, Colima es uno de los principales productores de plátano en el país. Sin embargo, tiene que enfrentar la sobreproducción a nivel nacional que ha derrumbado los precios por debajo de los costos de producción. La industrialización de la fruta comienza a ser una salida a este problema.

Un brote de plaga sigatoka negra fue motivo sufi ciente para que Carlos Corona tomara el machete y de tres golpes tumbara la planta y con ella el racimo de plátanos al que aún le faltaba crecer y madurar. Aplicar algún fungicida a la planta no es costeable, pues no logrará que le paguen a más de 25 centavos el kilo de plátano, por lo que el racimo que puede llegar a pesar unos 30 kilos, se va a la basura. Situaciones como la de este joven productor de plátanos en Tecomán se viven todos los días en Armería, Manzanillo y Cerro de Ortega, las cuatro principales zonas productoras de plátano en el estado, que en conjunto producen entre 170 y 200 mil toneladas al año.

No lejos de ahí, en Coahuayana, Michoacán; en Cihuatlán y Tomatlán en Jalisco, otros productores comparten la misma problemática y con los de Colima conforman la Unión Agrícola Regional de Productores de Plátano Pacífi co Centro. En conjunto, los tres estados suman 12 mil hectáreas de cultivo de la fruta. Sin un árbitro que regule los precios y les asegure un pago justo por la cosecha, los 1,200 productores de la región Pacífi co Centro están en las manos no de los bodegueros de las centrales de abasto o de las tiendas de autoservicio, sino de los intermediarios o coyotes que les pagan una miseria.

“Hay mecanismos pero no hay árbitros que garanticen que al productor se le pague al menos el costo de producción. No hay quien vigile que quien interviene en la cadena productiva tenga una justa retribución por su trabajo para que otros no se ganen lo que no les corresponde. Esa es la lucha de nosotros”, critica Francisco Hueso, presidente de esta Unión de productores. Una lucha en la que invierten tiempo, dinero y esfuerzo, como el miércoles 15 de agosto cuando representantes de diferentes asociaciones de plataneros se reunieron en la playa Boca de Pascuales con bodegueros de la central de abastos de Irapuato, buscando acordar un precio justo al productor.

La reunión, que se llevó a cabo en el restaurante Las Hamacas del Mayor, no tuvo los resultados esperados, pues luego de que los productores pedían un precio que al menos cubriera los costos de producción, los bodegueros advertían que de no aceptar sus condiciones, comprarían la fruta a Tabasco o Chiapas. La crisis en el sector platanero provocó ya que algunos productores cambiaran sus cultivos hacia otros frutos más rentables como la caña de azúcar, en donde el ingenio apoya con el 70% de los costos y ofrece un precio de garantía.

Otros, peor aún, han comenzado ya a abandonar sus cultivos. “Vemos que algunos compañeros han preferido abandonar la huerta por incosteable, 25 o 50 centavos por kilo no es sufi ciente. Si mantenemos estos precios y tenemos un costo de vida cada vez más alto, a los productores lo único que les espera es abandonar su cultivo”, lamenta Lilia Aguirre, presidenta de la Asociación de Productores de Plátano de Tecomán. Considera que un pago de 2 pesos por kilo sería un precio justo que les permita cubrir los costos fi jos y variables y lograr una pequeña utilidad para prevenirse ante cualquier eventualidad como el año pasado cuando el huracán Jova arruinó 3 mil hectáreas de esta fruta.

Sobreoferta

En este sector productivo la oferta supera a la demanda. Las 76 mil hectáreas que actualmente están sembradas de plátano en el país producen cerca de 3 millones de toneladas de fruta al año; sin embargo, el consumo nacional es de cerca de 2 millones de toneladas. La sobreproducción de un millón de toneladas anuales se acentúa en los meses de agosto a noviembre y principios de diciembre, por la combinación del calor y la lluvia, que acelera su maduración, más aún si la temperatura rebasa los 38 grados. Es en estos cuatro meses cuando la producción alcanza la cúspide y las huertas bananeras producen de 50 a 70 racimos por hectárea por semana, o más, lo que equivale a más de mil kilos de plátano, lo que hace caer los precios por debajo de los 50 centavos.

Un estudio del sector señala que la demanda del consumidor es de 800 a 900 kilos por hectárea por semana; como ocurre de mayo a julio, cuando se producen de 40 a 50 racimos por semana y los precios pagados al productor alcanzan los 2 pesos por kilo. Francisco Hueso, reconoce que se ha buscado controlar el cultivo de la fruta, pidiendo a los campesinos que produzcan sólo lo que consume la población pero esto no ha sido fácil, por lo que ya trabajan en otras alternativas que den solución a esta problemática y que pudieran generarse en la etapa de comercialización.

Sin embargo, en este eslabón los productores enfrentan otra difi cultad: “La mayoría son pequeños productores y esto difi culta que al momento de vender el producto no se llene un tráiler y no haya trato directo con el bodeguero, sino con un intermediario o coyote que le ofrece al productor un precio muy bajo, dando inicio a la especulación de los precios”, señala el también productor de plátanos. Ante la sobreproducción, los plataneros no descartan buscar nuevos mercados y pretenden hacer un estudio que detecte las fortalezas y las oportudades que tienen en otras ciudades.

Por ahora el plátano de esta región se vende hacia fuera en las centrales de abasto de Guadalajara, La Piedad, Irapuato, Celaya, Aguascalientes, Culiacán, Hermosillo y Tijuana, entre otras. Consideran también lanzar una campaña de informacion en la que se difundan las propiedades nutrimentales del plátano como es el alto contenido de potasio y que pudiera llevarse a cabo, precisamente, en los meses en que hay exceso de producción.  

Industrialización

Una alternativa a la sobreproducción de plátanos es la industrialización, tarea que emprendió hace un par de años la empresa Mi Ranchito Bananas, con la construcción de una fábrica donde hoy se elaboran chips de plátano que se venden en la red de tiendas Kiosco, Bodega Aurrera y tiendas de abarrotes. “La gran ventaja de industrializar la fruta es que siempre vas a tener el mismo precio y se pueden hacer convenios con las cadenas de tiendas donde el precio se estipule durante todo el año”, dice Lilia Aguirre, directora de esta empresa establecida en Tecomán. “En la industrialización si quieres hacer rentable tu operación cuida tus costos, tus gastos, has efi cientes todas las actividades, y lo peor es que tengas un margen del 15 al 20%, y en el mejor de los casos puedes aspirar hasta un 40%”, precisa.

Para esta empresaria el camino no ha sido fácil: la fábrica en la que originalmente invertiría un millón de pesos, ha requerido de 6.5 millones y ha tenido que gestionar apoyos ante el CONACYT por medio del FOMIX Colima en vinculación con la Universidad de Colima y en el Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño de Jalisco, CIATEJ. Pero los resultados están a la vista: lo que empezó con una producción de 5 kilos diarios de chips de plátano, hoy se ha convertido en 1,500 bolsitas de 100 gramos al día, y se tiene la capacidad instalada para producir hasta 4,500 bolsitas. “Nos estamos preparando para los grandes volúmenes, para las grandes cadenas”, agrega Lilia, y presume que sus chips de plátano ha sido ya degustados fuera de México, como en el caso de una feria en Berlín, Alemania, en la que participó el Sistema Producto Plátano a nivel nacional. Además de las botanas de plátanos con sal y limón, con azúcar o con caramelo, Mi Ranchito Bananas deshidrata la fruta y tiene en etapa de desarrollo la elaboración de harina de plátano, un buen alimento para los niños de pecho, para adultos con problemas de diabetes o falta de potasio en el organismo.

Ser pionera en esta industria la ha llevado también a tener que hacer ajustes, toda vez que en un principio suponía que la elaboración de plátano deshidratado sería su producto líder, pero la respuesta de los consumidores no fue la esperada y los esfuerzos se dirigieron a la producción de chips. Esta empresa tiene actualmente 18.5 hectáreas de plátano en producción, de la cual el 80% se vende como fruta fresca y el 20% restante la utiliza para el proceso de industrialización. Además de crecer a través de tiendas de autoservicio, Mi Ranchito Bananas se prepara para la exportación y ya cuenta con los registros ante la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos y están haciendo algunas adecuaciones a la planta para que cumpla todas las observaciones de inocuidad que exige el Gobierno americano.

Con la pasión que le caracteriza, Lilia Aguirre hace un último comentario hacia sus compañeros productores: “Los plataneros estamos sentados en una mina de oro, porque se puede aprovechar todo el plátano: las hojas, el pinzote, la cáscara, la pulpa... Posibilidades hay muchísimas y la industrialización es una opción para controlar el exceso de oferta”, concluye.  

Exportación

A pesar de la cercanía geográfi ca con Estados Unidos que al año importa cerca de 4 millones de toneladas, México no destaca como país exportador de plátanos. Es Ecuador quien lidera las exportaciones a nivel global, seguido de Costa Rica, Filipinas y Colombia. México ocupa la posición 18. Del total de las exportaciones de plátano de México, el 82% es para Estados Unidos y para ellos signifi ca sólo el 2% de sus importaciones, lo que pone manifi esto la gran oportunidad de exportación que tiene nuestro país en el mercado estadounidense.

En años recientes Colima ha exportado plátano a Estados Unidos, y en menor escala a Japón, Canadá, España e Inglaterra. Una tarea nada fácil pues de acuerdo con el Consejo Estatal de Productores de Plátano de Colima, sólo el 5% de los más de 400 productores locales tienen la capacidad y la tecnología para hacerlo. “No es que no tengamos fruta, sino que no tenemos las condiciones para exportar, necesitamos tecnifi carnos y cumplir las normas de inocuidad y las reglas de sanidad”, comenta Marco Magaña, Gerente Administrativo.

Sin embargo, la exportación no es siempre lo más atractivo para el agricultor, ya que por requerimientos de calidad el producto sufre una merma del 40%, mientras que en el mercado nacional logra comercializar toda la cosecha, aunque el pago por kilo sea menor. “El productor se ha encontrado también con falta de seriedad en los tratos de exportación, por lo que encuentra la manera de vender su fruta en el mercado nacional que en muchas ocasiones le es más conveniente.”