Reportaje
 
autor: Rogelio Pinto Jacobo
Edición: 11 Julio 2009
Francisco Brun Ramos, una historia de éxito
Francisco Brun Ramos es uno de los mejores empresarios de Colima. Gracias a su dedicación y esfuerzo, ha hecho que sus empresas sean exitosas en todos los sentidos. En ellas ha formado a sus hijos y al mismo tiempo ha dado empleo y ayudado a mucha gente en Colima y la región. Francisco Brun nació en diciembre de 1939. Su familia es originaria de Los Altos Alpes, Francia. A la edad de 21 años, en 1961, Brun Ramos comenzó a trabajar en La Marina.

Francisco Brun Ramos es uno de los mejores empresarios de Colima. Gracias a su dedicación y esfuerzo, ha hecho que sus empresas sean exitosas en todos los sentidos. En ellas ha formado a sus hijos y al mismo tiempo ha dado empleo y ayudado a mucha gente en Colima y la región.

 

  • Francisco Brun nació en diciembre de 1939. Su familia es originaria de Los Altos Alpes, Francia.

  • A la edad de 21 años, en 1961, Brun Ramos comenzó a trabajar en La Marina.

 

 

La llegada de la familia Brun a Colima

 

Francisco Brun Ramos es uno de los empresarios más destacados de Colima, su visión y forma de hacer negocios han hecho que cada una de sus empresas sean exitosas y se mantengan como tal. Es el caso de la embotelladora Coca-Cola de Colima y las tiendas de conveniencia Kiosko.

 

Don Francisco Brun tuvo una larga plática con Decisión de Empresario, en donde detalló cuál es la historia detrás de ese empresario exitoso, que a pesar de sus 69 años a cuesta, no piensa en jubilarse, ya que considera que retirarse del trabajo es lo peor que puede hacer una persona; su idea es seguir activo hasta que pueda.

 

La familia Brun llegó al estado de Colima en 1887, mismo año en que fue fundada La Marina Mercante, tienda departamental que aún sigue vigente y es una de las más tradicionales en todo el estado. El negocio familiar fue iniciado por su tío José, quién años después se lo vendió a su abuelo Emilio.

 

Su abuelo Emilio tuvo tres hijos, Guillermo (padre de don Francisco), el mayor; José, que nunca se dedicó al comercio, sino que fue médico, y Eduardo, quien se quedó como jefe de los negocios y la familia al morir el señor Emilio Brun, hasta el año de 1985. En 1987 falleció el tío Eduardo y desde ese momento don Francisco y su hermano Guillermo tomaron las riendas del negocio.

 

Francisco Brun nació en Colima el 10 de diciembre de 1939. Es hijo de Emilio Brun Schmidt y Concepción Ramos Salido, mejor conocida como Conchita. Su madre era originaria de el Álamo, Sonora, pero llegó a Colima en el año de 1915. Sus padres procrearon cinco hijos en total: Conchita, Guillermina, Yolanda, don Guillermo y don Francisco.

 

Aunque la primera tienda de La Marina siempre ha estado en el mismo lugar, durante la Revolución Mexicana se quedó vacía y toda la familia regresó a Europa; al terminar esta guerra, regresaron a Colima para rehacer el negocio entre su abuelo Emilio, su padre Emilio y su tío Eduardo.

 

Sus estudios básicos los realizó en la ciudad de Colima, en el Instituto Colimense con las señoritas Llerenas, que actualmente es el Fray Pedro de Gante. Después, continuó su preparación en el internado México, donde estuvo un año, realizó cinco años de preparatoria en la ciudad de Guadalajara y al egresar, se fue a estudiar a la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos.

 

Sus estudios profesionales se vieron truncados porque su padre Emilio se enfermó de cáncer en los huesos, motivo por el que regresó a Colima. “Guillermo mi hermano ya se iba a casar y me dio no se qué dejar a mi mamá para regresar a Estados Unidos y ya me quedé en la empresa principal de la familia, que era La Marina”.

 

Don Francisco Brun tiene una plática muy amena, es una persona muy sencilla y con buen sentido del humor. Gracias a su buena memoria, recuerda que a los 21 años, el 26 de mayo de 1961 comenzó a trabajar en La Marina. Desgraciadamente, su padre Emilio Brun murió casi un mes después, el 21 de junio de 1961.

 

Don Francisco dedicó gran parte de su vida a La Marina, estuvo asociado con su hermano por alrededor de 40 años, hasta que decidieron tomar cada uno su propio rumbo con sus respectivas familias. Esa decisión llevó a don Francisco hacia la otra empresa familiar: Coca-Cola.

 

Coca-Cola

 

El señor Francisco Brun recuerda que siempre estuvo ligado a La Marina, de joven, su padre lo ponía a realizar diversas labores sencillas de la tienda a manera de disciplina. Aceptó que ni él, ni su hermano Guillermo en Coca-Cola trabajaron directamente en la refresquera, aunque si participaban en las decisiones del consejo de administración. “Realmente el que estuvo trabajando era Guillermo mi sobrino y en la separación, ya entramos la familia Brun González”.

 

La familia Brun comenzó con en el negocio refresquero en el año de 1939, como concesionarios de la embotelladora La Favorita de Guadalajara. “Ahí inició mi papá, mi tío Eduardo y todavía mi abuelo, vendíamos como dos o tres cajas al día”. La venta de refrescos comenzó en las mismas instalaciones de La Marina, donde había una pequeña bodega para guardar los pedidos.

 

En 1954, la familia obtuvo la franquicia de la Coca-Cola y para 1955 levantaron la primera planta, la cual se ubicó sobre la avenida Rey Colimán, al sur de la ciudad de Colima, hasta que en el año 2003 decidieron cambiar sus instalaciones por dos motivos: la operatividad y el sismo del 21 de enero de 2003.

 

Don Francisco Brun recuerda que la primera planta de Coca-Cola comenzó a operar con una maquinita que hacía 35 refrescos por minuto y con cinco camiones repartidores. A través de los años y de varios gerentes, el negocio creció hasta que se mudaron a las instalaciones de la colonia Los Trabajadores, al oriente de la ciudad.

 

La actual planta Coca-Cola cuenta con dos líneas de llenado, una que envasa en botellas de cristal de diferentes tamaños y otra para botellas de plástico, tanto retornables como no retornables. De 35 botellas por minuto que se hacían en los años 50 y cinco camiones repartidores, ahora se hacen mil 500 envasados por minuto y cuentan con una flota de 200 camiones repartidores de todo tipo.

 

Una forma de expandir el negocio de la Coca-Cola, fue la creación de las tiendas de conveniencia Kiosko, las cuales han sido todo un éxito a nivel regional, ya que a pesar de que tienen la competencia de una cadena similar de nivel nacional, esta empresa sigue creciendo con muy buenas expectativas.

 

Sentado en la misma silla de madera que tenía desde que despachaba en su oficina de La Marina, don Francisco Brun destacó que una parte importante de los empresarios debe ser la preocupación por mantener a sus trabajadores con estímulos adicionales a su pago, como en el caso de la Coca-Cola, en donde los empleados cuentan con canchas de futbol, pista para correr, cabañitas para días de campo, clases de cocina, costura, para las esposas, además clases de gimnasia a los niños.

 

En ese sentido destacó que la rotación de sus empleados es mínima, ya que mantienen un buen nivel de remuneración, además de las facilidades que tienen dentro de la empresa para recrearse.

 

Creó la Fundación Coca-Cola, la cual tiene entre uno de sus objetivos becar a los estudiantes destacados de la Universidad de Colima. A través de esta fundación, cada semestre se reparten 150 becas que representan un monto de 250 mil pesos. El objetivo de este programa es que los alumnos no interrumpan sus estudios y que en un futuro puedan trabajar en alguna de las empresas de la familia Brun.

 

La fundación Coca-Cola ayuda a niños discapacitados que necesitan estudios médicos que no pueden costear, de este tipo de casos, se han apoyado 145 casos en tan sólo diez meses.

 

La labor social no podía quedar de lado en la vida de don Francisco Brun, además de la Fundación Coca-Cola, participa en algunos otros patronatos que se dedican a ayudar a las personas más necesitadas. Don Francisco Brun enfatiza que sus labores altruistas son una tarea que hace por convicción y no para destacarse ante la sociedad.

 

Otra de las acciones más representativas de al Fundación Coca-Cola fue la de participar en la construcción del Centro Deportivo El Moralete, con un aporte económico. Para don Francisco Brun, fue muy significativo participar en este proyecto junto con el ayuntamiento de Colima y la Fundación Banamex, ya que servirá para que los jóvenes de las colonias aledañas se alejen de las adicciones o de actos de pandillerismo y canalicen sus energías a través de la práctica de un deporte.

 

Actualmente, esta pequeña unidad deportiva lleva el nombre de Francisco Brun Ramos, sin embargo, no fue porque él lo haya pedido, sino que las autoridades municipales decidieron rendirle homenaje colocándole su nombre a una infraestructura enfocada cien por ciento a favor de la sociedad.

 

“Creo que esto es parte importante de todo empresario. Creo que el empresario hace negocio y debe de una forma regresar algo a los ciudadanos, aquellos que le dieron a ganar y la mejor forma es haciendo el bien”.

 

Actualmente, don Francisco Brun y sus hijos Adrian y Francisco, cuentan con la embotelladora Coca-Cola, el Hotel Fiesta-Inn, Kiosko, empresas a las que siempre buscan darles un mejor desarrollo, ya que sostienen más de dos mil empleos directos. También tienen varios proyectos en puerta, que serán de gran importancia para Colima, ya que generarán inversión y empleos para la entidad.

 

Vida familiar y anécdotas

 

La oficina de don Francisco Brun es cómoda, sencilla, muy bien iluminada por dos ventanales que le dan vista a las instalaciones de su empresa; tiene una computadora portátil y está llena de recuerdos de la empresa que le ha hecho cumplir sus sueños, desde tener un buen nivel de vida, hasta la satisfacción de ayudar a sus semejantes a través de la Fundación Coca-Cola. Definitivamente, la oficina del señor Brun Ramos es un reflejo de su personalidad.

 

En lo personal, don Francisco se declara cien por ciento deportista, le gusta nadar, jugar tenis, ir de pesca deportiva y jugar golf, todo lo que sea al aire libre le gusta. Sin duda, su deporte favorito es el golf, disciplina que considera como una terapia para olvidarse de las tensiones de la vida y del trabajo diario.

 

Don Francisco está casado desde hace 45 años con Ana Josefina González Dueñas, mejor conocida como “Coche”. Procrearon cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres: Cristina, Francisco, Adrián y Mati, quienes les han regalado 17 nietos.

 

Una de las anécdotas que más recuerda don Francisco Brun, tiene que ver con la Coca-Cola. Detrás de su escritorio, hay una serie de botellitas conmemorativas de los 100 años de Coca-Cola, entre las que destaca una con tonalidades doradas y caracteres japoneses.

 

Para contar la historia, don Francisco la toma, la levanta y la muestra con mucho gusto por la forma en como la obtuvo. En el año de 1984, un grupo de empresarios colimenses acompañaron al entonces gobernador Elías Zamora Verduzco a una gira de trabajo por Japón. Durante una de las comidas, don Francisco observó que en el restaurante estaba colocada esa botella, la cual le robó su atención.

 

Decidido a obtenerla, don Francisco envió a una persona con el dueño del local, para que le explicara que él era dueño de una franquicia de Coca-Cola en México y que le quería comprar la botellita. Después de unos minutos, su enviado regresó con malas noticias: el señor no quiso vendérsela.

 

Ya resignado, don Francisco abandonaba el restaurant, para su sorpresa, el propietario del establecimiento estaba esperándolo afuera para regalarle la botella y hacerle una reverencia, pues no podían comunicarse directamente por la barrera del idioma. Don Francisco agradeció el gesto y aún conserva el pequeño envase, 25 años después.

 

Otro de sus hobbies es coleccionar calendarios de bolsillo, alusivos a la Coca-Cola. Su idea era juntar 30 y retirarse al llegar a ese número. La colección se ve bien en sus funditas de plástico transparente, porque él sigue trabajando y ya van más de 30 años. También, aún conserva una factura de La Favorita, de los orígenes de Coca Cola.

 

Siempre con una sonrisa, este empresario colimense no piensa en dejar de trabajar: confía mucho en sus hijos, porque asegura que ellos están mejor preparados y tienen mucha capacidad para sacar adelante a las empresas que tienen a su cargo. Pese a esto, siempre está ahí para resolver cualquier situación extraordinaria, porque tres cabezas piensan mejor que dos y más sabe el diablo por viejo, que por diablo. “Espero seguir saliendo adelante, hacer nuevos negocios, dar más fuentes de trabajo y ayudar a la gente”.